Enamórate

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Enamórate. Sé libre, enamórate. Regálale tu tiempo a otra persona, enamórate. No quieras más parejas, enamórate. Disfruta de las fiestas comerciales, enamórate. Piérdete en las miradas y en las sonrisas, enamórate. Recuerda el pasado y vive el presente, ¡Ah! y enamórate.

Ríos, fiordos y mares de tinta hay escritos acerca del amor. El tema más monotema, el tema que más nos gusta, el sentimiento que más nos recompensa y el que más nos castiga. El amor de una madre, el de una pareja, el que profesamos por cualquiera de nuestras pasiones. El amor que nos olvida, el amor al que olvidamos, el amor que se queda y el que se va, el amor latente, el amor secreto, el amor discreto y el amor expuesto. Amor, ama, amo y amé…

Y también lloré.

“Quien bien te quiere, te hará llorar” Eso dicen, eso debaten. La persona amada nunca debe hacerte llorar, yo no estoy de acuerdo. El amor en mi mente es algo que nace del conocimiento de la persona, más allá del instinto carnal, algo que se cultiva y se cuida, algo de lo que se aprende y algo que se enseña. Gracias al amor deberíamos ser capaces de abrir la boca para ayudar a nuestros seres queridos, aunque con ello les hagamos daño, y digo abrir la boca que no levantar la mano o ser egoístas.

El amor requiere sacrificio, requiere paciencia, el amor requiere exclusividad. Muchos estaréis pensando diferente si digo que el amor debe ir de dos en dos, que terceras personas implican desbalances, que el amor libre es producto de ir en contra del sistema. Uno puede amar a alguien, independientemente de su sexo, pero no amar de la misma forma a dos personas diferentes. Cada amor es distinto, no se quiere igual a un padre que a una madre, no se quiere igual a dos parejas diferentes que se hayan tenido, cada amor es como una huella dactilar, parecido pero no igual.

No estamos para sufrir ni para esforzarnos, preferimos cambiar de pareja. Es lo más fácil. Las parejas deben de cambiarse, en mi opinión ésto es cierto, parcialmente. Las parejas deben trabajarse, todos debemos cambiar aspectos de nuestras vidas para adaptarnos a esa otra persona que empezamos a considerar complementaria a nosotros, pero sólo pequeños aspectos que mejoren la convivencia. No debemos de hacer cambios que puedan repercutir en nuestra felicidad, eso ya no es amor, es manipulación o pérdida de la identidad. Tampoco debemos romper porque llevemos un tiempo discutiendo, debemos aprender a dar nuestro brazo a torcer a veces, en pos del amor, dejar al orgullo fuera. Asumir que el amor implica libertad y falta de la misma, si te entregas a tu pareja asumes que parte de tu libertad ahora es de la otra persona y viceversa, por supuesto esto es revocable en cualquier momento. Pero amar requiere sacrificio, y el sacrificio se paga siendo menos libres, aunque dentro de la decisión que tomamos.

Empieza amando con la mirada, enamórate de las palabras, que su mente te cautive y deja al corazón el resto. Sin miedo proclámalo, sin miedo comprométete. Qué miedo hay al compromiso en nuestros días, qué miedo a la firmeza y a que nos aten de por vida, adiós libertad. ¿Por qué tememos tanto al compromiso? Yo mismo le tengo miedo, la sociedad que nos rodea nos dice que las relaciones ocasionales son las mejores, que usar, gastar y tirar es la mejor opción, eso hace mella.

Digo yo, cuando trabajamos en algo que nos apasiona gastamos horas y horas, dinero y toda clase de recursos en ello, perdemos fiestas, perdemos miles de cosas que nos gustaría estar haciendo con tal de regar la semilla, y cuando crece la mostramos con orgullo. ¿No es eso amor a ese proyecto? ¿No podemos amar con tal devoción y compromiso a otra persona?

¿Respuestas? Lo que suelo oír: “No, si renuncias a ser libre es que es una persona posesiva”. Creo que hay que diferenciar entrega con servidumbre, no creo que sea difícil, aunque cuando ponemos al corazón por delante de la mente a veces nos olvidamos de estas cosas. Elegimos libremente amar, y también renunciamos a parte de nuestra libertad porque así lo queremos, pero siempre hay que reconocer el grado, nadie que te ame lo suficiente te va a exigir una renuncia total por él o ella.

Dejando a un lado el tema de la libertad, volvamos al sentimiento. A cuando conoces a esa persona, a cuando cuidas tus palabras para que piense bien de ti, a cuando te arreglas para quedar, a esos mensajes por el móvil con cuentagotas hasta que uno de los dos arranca a hablar, los “likes” del facebook furtivos, a esas fotos que ves de hace algún tiempo, a que esté todo el día en tu cabeza, a que quedes a solas, a que le des un beso, a que seáis pareja. Esa es la parte más bonita, cuando el cuerpo te tiembla, se te quiebra la voz, las pupilas dilatadas, el corazón se sale del pecho… esa sensación que con el tiempo cambia.

Ya no te pasa normalmente eso, ves a tu pareja casi todos los días, y cuando te paras a pensar te das cuenta de que ahora te gustan otras cosas que desconocías. Te encanta cuando bebe una taza de café, cuando se queda dormida viendo una película, el olor de su colonia (aunque la cambie, siempre te va a oler a él o ella) como se quita las gafas, la forma en la que guiña un ojo cuando se ríe, cualquier manía; ahí estás empezando a amar con el cerebro.

Discusiones, palabras fuera de lugar, falta de cariño. Periodos de tiempo sin muchas muestras de amor; orgullo y frialdad. Si uno de los dos asume la culpa, aunque en realidad no piense que la tiene, sólo por el hecho de volver a ser felices, aprendimos a sacrificarnos por nuestra pareja.

Amor eterno, algunos cambios en nuestras vidas, casas compartidas, nuevas costumbres, quizás un anillo, quizás solo una promesa. Juramos amor, estaremos siempre juntos, compañeros de viaje y vida siguiendo el mismo rumbo, entrega absoluta; no hay mayor expresión del amor.

Y todo empezó con una mirada, o con una palabra. Le siguió el cerebro y finalmente se implicó el corazón. Siento repetirme pero es la mejor forma de amar que conozco.

Celebrad el amor.

Nos vamos leyendo.

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