Entre éste y otros pensamientos se percata de que empieza a mejorar su vista. Alcanza a ver más lejos. Josema no tiene muy claro si está amaneciendo o sus ojos se están acostumbrando a la oscuridad, pero piensa que es genial poder ver un poco más hacia adelante, ya casi podría guardar la linterna. No muy lejos de él escucha el sonido de algo que se arrastra, se queda quieto y empieza a alumbrar en la dirección de donde proviene. Aún no ve nada. Agudiza el oído y empieza a escuchar unas palabras: “mi coche… mi coche…” Comienza a caminar en esa dirección, donde parece que se ensancha el arcén levemente. Al llegar hasta allí ve a un individuo parado junto a lo que parece ser su vehículo, el cual tiene el capó abierto del que surge incesante un humo negro cuyo olor le recuerda al de una tortilla quemada.

Una vez a espaldas del hombre Josema le saluda y le ofrece su ayuda. El desconocido, en cambio, le ignora y sigue enredando en la compleja maquinaria. Maniobra con torpeza ya que va quitando y poniendo engranajes, pistones y toda clase de artilugios de un lado para el otro. Josema de nuevo se acerca a él y le pone la mano en el hombro, un hombro frío como un témpano de hielo. Con voz resquebrajada le dice: “Amigo, ¿Necesita ayuda…?” La pregunta queda al aire una vez más. Un escalofrío le recorre todo el cuerpo, esta situación le recuerda al comienzo de la clásica película de terror, pero, por otro lado, ese hombre podría necesitar ayuda. Dado que no obtiene respuesta decide rodear el vehículo y situarse cara a cara con él, quizás está demasiado ocupado como para escucharle o sentirle, aunque no alcanza a entender cómo, pero la vista no debería fallar.  

Una vez frente a frente se encoge de pavor, ante él se encuentra un hombre que se podría definir más como una sombra que como un ser humano. Josema asustado cae de espaldas, comienza a sentir mucho frío y a temblar. Delante de él se encuentra un individuo cuyas manos se encuentran totalmente peladas por los hirvientes mecanismos del vehículo, totalmente abrasadas. Su rostro es casi transparente oscuro, la sensación que tiene es como la de mirar a través de un cristal ahumado, ves más allá de él pero todo polarizado. Aún temblando de miedo se levanta y le sigue insistiendo con objeto de ayudarle, pero el fantasma le ignora. Al echar un vistazo dentro del capó se percata de que allí sobran piezas, incluso alcanza a distinguir algunas de otros modelos de vehículo, parece que hubiese robado o comprado elementos de más y los hubiese forzado para que encajasen. Josema le zarandea, le grita para que le mire, pero no obtiene respuesta a pesar de su énfasis. Solo una de las veces le mira, con sus ojos desquiciados y perdidos, con un rostro sin alma, y pronuncia: “Debe de ser el viento…” Y entonces continúa: “Mi coche…mi coche…”

Apenado se gira, dejando al fantasma del hombre detrás y volviendo al sendero.

Los siguientes kilómetros no son sencillos ya que va casi temblando solo de saber que una persona pueda llegar alguna vez a convertirse en eso. Ni siquiera sabe si de verdad era una persona o alguna otra cosa, lo único que le viene a la mente es el miedo que sintió al verlo, lo frío que estaba al tacto y ese rostro perdido en la nada. Realmente parecía más un muerto que un ser vivo, alguien que está viviendo en una realidad a la que no pertenece. ¿Había él sido alguna vez un fantasma? Por lo que recuerda no, pero ese ser tampoco parecía ser muy consciente de la situación en la que se encontraba, de cómo se estaba pelando las manos y de que, sin darse cuenta alguna, estaba desapareciendo poco a poco.

Josema alza la vista al cielo, donde curiosamente empieza a percibir el brillo de lo que parecen ser las estrellas. Intrigado comienza a buscar la estrella polar, aunque no la encuentra por ninguna parte. Cuando mira hacia adelante de nuevo salta de alegría, ¡Una señal de tráfico! Arranca a correr hacia adelante para poder ver su destino, cuando llega a los pies de la misma lee: “China” Y una flecha que apunta hacia un pequeño camino de tierra, algo inhóspito, que se pierde entre el campo de centeno. Algo es algo, deduce que por ese camino debe de estar el este. Aunque también empieza a tener esperanza, es la primera señal de que está encontrando el camino hacia donde quiera que esté yendo. La caminata está teniendo un resultado.

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