¡Buenas a todos!


Aquí viene la tercera entrada blog. Hoy quería hablar de ciertas herramientas de las que me nutro para cumplir mis metas personales y profesionales. Para ello empezaré dando una pequeña introducción a cómo era mi vida hace unos años y cómo soy ahora.

Hace tres años mi vida era “perfecta”. Tenía (como muchos sabéis) una novia desde hacía cinco años y era muy feliz con ella. Por otro lado tenía un trabajo con muchas posibilidades de futuro, con un horario bastante decente y un sueldo bueno. Estaba empezando a tener ideas de casarme, de comprarme una casa, empezar a tener una vida más seria etc. También tenía bastantes aficiones, aunque casi todas pasaban por alguna videoconsola o plataforma de juegos. Todo mi presente era “perfecto”. Aunque había algo que no encajaba, por alguna razón que  desconocía yo no era feliz, nada feliz.


Mi relación amorosa parecía fuerte pero no lo era, yo no encajaba con ese modo de vida que me producía estar con dicha persona, aunque no me había dado cuenta. Era una relación totalmente unilateral. Ella siempre tenía ganas de hacer cosas (como siempre había sido los primeros años) y yo no. Yo había perdido la ilusión por aprender, por tener nuevas experiencias, por salir a disfrutar de la vida… todo debido a una serie de factores e hipocondrías que determinaron mi personalidad en esa etapa de mi vida. Al final siempre nos quedábamos en mi casa sin hacer nada que no fuese ordenar comida basura a algún restaurante y ver la televisión. Yo empecé a desarrollar una especie de paranoia, de miedo a abandonar mi casa y mi lugar de trabajo.

También me doy cuenta de que no era feliz en mi profesión. Estaba todo el día haciendo cosas que no me importaban, a las que no daba valor y no entendía. Esto producía irritación en mi jefe y el descontento de mis compañeros de trabajo, puesto que mis ganas por esforzarme eran nulas. Cada mañana me levantaba tarde, me aseaba pobremente e iba a la oficina a cumplir las horas de rigor. Siempre mirando el reloj, un reloj congelado que avanzaba torpe y lentamente al son de mi grapadora. Un trabajo tedioso que me estaba matando por dentro. En aquel momento no lo sabía, pero ese sería mi trabajo actual, del cual estoy más que orgulloso y me encanta, solo que necesitaba formarme más y aprender a vivir el presente, a tener conciencia plena de lo que hacía, pero después seguiré con eso.

¡Ay, mis aficiones! Las sigo teniendo, pero ahora no controlan mi vida. Puede que a algunos os suene ésto, mi vida la controlaba un ordenador. Me pasaba las horas pegado a la pantalla. Era salir del trabajo, correr a casa, comer una cantidad ingente de comida grasa a una velocidad de vértigo, subir a mi habitación y encerrarme hasta las diez de la noche a jugar al videojuego online que fuese en cada momento. Luego a las diez cenar otra cantidad absurda de comida, pelearme con mis padres porque no estaban contentos con mi modo de vida y volver a subir cabreado y asqueado a mi habitación… entonces me llamaba mi novia por teléfono. Ella, con ganas, me contaba su día en la universidad, yo no la escuchaba casi nunca, estaba demasiado obsesionado con lo que tenía en la pantalla y ella lo sabía, pero ahí estaba, haciendo el esfuerzo. Yo le respondía con palabras planas, respuestas que sirven para cualquier pregunta. Y al final terminaba la conversación con un “te quiero” lanzado al aire que se perdía. Entonces seguía mi obsesión, hasta las cuatro o cinco de la mañana. Solo cuando ya me estaba quedando dormido en el teclado me iba a la cama.

Vaya, ahora que lo he escrito todo suena incluso peor de lo que recuerdo. Ni que decir tiene que no estaba contento con mi cuerpo, ni con mi vida, ni con mi pareja o mi familia. Sabía que yo era el que tenía que cambiar, no ellos, pero no sabía cómo hacerlo… entonces pasó, me atreví, salí de mi zona de confort para cumplir un sueño. Compré un billete de avión a Japón con la esperanza de despejar un poco mi mente. Un viaje que cambió mi vida.

Cuando viajé a Japón, nada más bajar del avión, se me rompió la maleta. Yo no hablaba nada de japonés e iba a estar en el país durante todo un mes, así que, de un día para otro, había roto mi rutina diaria de trabajo-ordenador a aventura-aventura. Bien sabe Dios lo que le agradezco ésto. En algún blog os hablaré de mi experiencia allí, ahora solo me dedicaré  a contaros mi transformación.

Para empezar, estaba entusiasmado TODOS los días. Fui aprendiendo a recuperar y saborear la euforia, a recordar a lo que sabía la felicidad. Caminaba una media de dieciséis kilómetros diarios, por todas las calles, templos y pueblos aledaños a Tokio. Conocí a gente maravillosa que ahora son mis amigos. Y pasé muchísimo tiempo a solas conmigo mismo, algo que no me pasaba desde que era un adolescente. Muchos pensaréis que me contradigo, que estaba muchísimas horas en el ordenador. Otros sabréis que en los juegos online nunca estás solo, siempre conoces gente que te acompaña y creas amistades. No te da tiempo a pensar en otra cosa que no sea el juego, pero ahora yo tenía muchísimo tiempo para pensar solo en mí mismo. No tenía casi nunca internet, no necesitaba a nadie que no fuese a mi propia persona. Mi novia (al otro lado del mundo) empezó a notar ese cambio en mí. Así que, pese a que yo le dije que no quería, decidió venirse los últimos diez días conmigo. Debido a ésto yo descubrí que, aunque la amaba con locura, tenía que terminar con ella. Porque ella era muy diferente a mí, a como yo quería ser y estaba descubriendo. No quería parar el proceso por lo que, cuando ella se volvió, decidí quedarme otro mes más en Japón, viajando y aprendiendo el idioma y viendo hasta donde podía llegar mi nuevo yo. Ella se sintió fatal por ésto.

Tras otro mes allí yo ya había entrado en un proceso inevitable de cambio y llegó el momento de volver a España, de despedirme de mis amigos y de ese bello país para enfrentarme de nuevo a la rutina. Pero yo ya no era el mismo. Llegué a casa y corté con mi pareja, a día de hoy (pese a situaciones que han ocurrido hasta un año después) es la mejor decisión que pude tomar para romper con mi viejo yo. Ahí cambió todo. Descubrí a tantos y tantos amigos que había apartado de mi vida… todos volvieron. Empecé a hacer deporte y adelgacé cerca de veinte kilos. Agarré mi trabajo y le di una vuelta de tuerca. Solté todo aquello que odiaba y empecé a hacer lo que mejor sabía, a esforzarme por sentirme realizado en todos los ámbitos de mi persona. Todo iba bien hasta que unos meses después tuve otro encuentro con mi ex-novia, que me produjo volver (en parte) a todo lo que era antes. Experimenté  un profundo desengaño amoroso, apareció una tercera persona con la que ella se fue mientras no se atrevía a confesarme que había tomado una decisión. Ahí volví a caer. Pero gracias a mis amigos, al tiempo y al cambio que había ido notando en mí mismo a los pocos meses… salí de él. Casi un año después estoy totalmente recuperado, con una vida no rehecha sino nueva, y con más ganas de vivir que nunca.

A través de un desarrollo personal que he ido experimentando, de un maestro que me está ayudando a liberar mi potencial y de poner pasión y desempeño en todo lo que hago, estoy cumpliendo mis metas. Abrí esta página, empecé a escribir de nuevo, volví a hacer deporte, abrí nuevos frentes en mi trabajo, aprendí a decir que no a muchas cosas, aprendí a decir que sí a otras tantas, me reconcilié con mi familia… etc. Todo por una simple decisión, la de dar un paso, la de ser como Josema, mi caminante, y seguir avanzando en la vida, no contra viento y marea, sino fluyendo con ella. Aprendiendo que hay cosas que no se pueden cambiar y heridas que no se pueden sanar con parches, que todo es cuestión de seguir viviendo y dejar vivir. De amar, el resumen es amar la vida y todo lo que haces.

Como herramienta principal: un paso cada día. Ésto me lo expuso una gran amiga mía, futura doctora en filología hispánica, que me dijo que no me abrumase, que eran demasiadas cosas, que fuese paso a paso cada día. Y así lo he hecho, el resultado es más que evidente. Hay que ir cambiando cosas que no nos gustan y esforzarnos duramente en hacerlo todos los días, hasta que se convierten en un hábito. Así pues me marqué metas realistas y aquí estoy, marcándome unas nuevas. No dejo nunca de avanzar por el sendero, ni dejo que las situaciones me superen. Así que, si te sientes como yo antes… ya sabes, un paso cada día y date tiempo. Ámate a ti mismo y a todo lo que haces, si te pones enfrente del espejo y te dices que te quieres, si te das una oportunidad y cambias aquello que no te gusta, si experimentas el amor personal (más allá del de tu pareja/familia/amigos) verás que puedes con todo.

Un comentario en “Blog III: Cumpliendo metas.

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