Hace exactamente un año estaba aquí mismo, en esta misma silla, abriendo mi página: Miguel Sendai.

Hace exactamente un año estaba aquí emocionado por regalarle al amor de mi vida decenas de textos dedicados a ella.

Hace exactamente un año estaba aquí mismo sonriendo como un idiota y pensando que tenía suerte porque ella quiso volver a quererme.

Hace exactamente un año estaba aquí mismo dándole gracias al cielo y escribiendo mi primera entrada sobre el amor.

Hoy estoy aquí para hablar del tabú de la literatura romántica, no siempre podemos acabar con el amor de nuestra vida. Y esto es así. Si me lo permitís usaré un nuevo formato para describir este aluvión de ideas que me asaltan las neuronas.

 

La conoces y todo es perfecto, maravilloso, el corazón se te sale del pecho.

El cerebro busca verla a diario, en todas partes de tu mente la encuentras.

Empieza la idea, el tonteo, la búsqueda de su sonrisa, su mirada, su mente, su cuerpo

y te das cuenta de que la quieres, así sin saberlo.

 

Le deseas a cada momento, sabes que está ahí para ti, que es un ángel que te guía y

te cuida, que la tendrás para siempre, que nada puede fallar.

 

Cada noche es mejor que la anterior, os fusionais en una masa informe de energía blanca,

de besos y gemidos que se escapan, de brazos que envuelven, de contorsionismo, amor y

placer.

 

Pero el tiempo no perdona.

 

Pasan los años y llega la rutina, ya no es tan perfecta. Tus hormonas, ahora bajo control,

han cumplido su función evolutiva. El amor se convierte en el día a día, vienen los conflictos,

los compromisos, la aterradora idea del futuro. Luchas por hacer que funcione.

 

Hoy toca clase, mañana trabajo, pasado sexo, el siguiente tengo exámenes, al otro familia…

y cuando te das cuenta lo único que te apetece es despejar la mente con unos amigos y

unas cervezas; pero también está ella, y ella es tu prioridad. O debería serlo.

 

Y comienzas a descuidar tu amor. Tropiezas una y otra vez con la misma piedra, y tu pareja

por su parte también. Estas cosas nunca son unilaterales aunque empiezan así.

 

Cuando te quieres dar cuenta se encuentra frente a ti llorando y diciendo que no lo aguanta

más, que has cambiado, que antes no eras así. Y llega el momento de tomar una decisión:

¿Hasta qué punto la amo? No te cabe la menor duda: darías tu vida por ella. Entonces ¿Qué

falla? Sencillo: todo.

 

Has conocido a la mujer de tu vida en el momento equivocado. Y no puedes aprovechar

la oportunidad porque sabes que no es la ocasión. Dejas que todo lo que habéis construido

se derrumbe, desaparezca en cuestión de meses y te arrastras con la corriente.

 

No habrá más oportunidades.

 

Pero tampoco te asusta.

 

Otras mujeres vendrán, la vida seguirá su curso y te enamorarás de nuevo. Es cuestión de

tiempo. El paso de los años te dirá si fue la mujer de tu vida, y, en caso afirmativo, deberías

sonreir por haber tenido el placer de haber coincidido con ella en la vida, aunque sólo fuese

por unos pocos años.

 

Además ella te habrá enseñado a ser mejor persona, mejor amante,

mejor novio, marido o pareja. Y habrás aprendido lo peor sobre ti y lo que no puedes

cambiar. Sabrás cómo quieres que sea la próxima chica a la que puedas llamar novia,

sabrás cientos de cosas de las que luego pocas mejorarán, pero habrán servido de algo.

 

Y pasará, conocerás al amor de tu vida.

Al segundo amor de tu vida.

 

Y serás feliz, porque ese será el definitivo.

 

Hasta entonces, calma.

Feliz San Valentín.

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