“¿Has tenido alguna vez la sensación de estar en el sitio adecuado y haber llegado tarde…? Es como estar en el andén y darte cuenta que tu tren es el de enfrente… y que va a salir, no te queda más remedio que confiar en que el próximo sea el adecuado”


                                                                                           -Conversaciones con J.L. Lobo.

Sale el tren y es inevitable, entre humo y vapor abandona el andén mientras corro por la pasarela, pero se que no voy a llegar, que se marcha. Frustrado me recuesto en la barandilla verde y lo veo ir, dejando un reguero de vapor a su paso mientras abandona la estación lento pero imparable.  En mis auriculares empieza a sonar “Stan” de Eminem y un recuerdo me envuelve. Madrid, año 2007.


Recuerdo el ambiente, el momento. El día a día desesperante en el que muero, aunque cuando hablo con ella siento que vuelan las horas, aunque cada hora es un lamento. Que aún me queda un año de colegio, de clases eternas y tediosas aunque bellas ya que, al saber de ella, disfruto del momento. Pasan los días, las conversaciones hasta las tantas de la mañana y noto que me enamoro, que tiento a la suerte, al momento, al amor, a la amistad e incluso al decoro, pero no me importa. Valiente continuo, sé que merece la pena.

Pasa un año y vuelvo, al lugar de donde provengo, casa de mi familia y amigos. Me recibe ella, con brazos cálidos y abiertos, aunque incierto mi momento y perdida mi mente, pues no se centra en el presente sino atrás en el tiempo. Otra mujer aparece. Una sombra de la infancia, un recuerdo. Y huyo. Decepciono a mi amor, a mi sueño, mi mujer ideal y vuelo a otro país, a cambiar el momento. Vuelven los mensajes, regresa el deseo.

Conozco entonces a mi otra realidad, la que me apartará del mundo. Realidad a la que amé fervorosamente durante años, realidad que me apartó de ella quien decepcionada me abandona brevemente y volvió para convertirse en alguien importante, pero no en una parte de mí. A día de hoy aún no me lo perdono, pero tampoco me arrepiento.

Y veo al tren marcharse, creo que no volverá a pasar, así que tampoco me apego demasiado. Pienso en que es una de las muchas oportunidades que he dejado pasar en la vida, en que todos arriesgamos y a veces fallamos; aunque quizás esté, contrariamente a lo que pienso, en el momento adecuado y en el lugar equivocado. Quizás ha llegado el tiempo de salir de la estación, de ver marchar al tren, o de esperar al siguiente sin lamento.

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