¡Hola de nuevo!

Sigo de viaje por los Estados Unidos, aún me quedan cinco días. Os voy a contar que tal ha sido mi primer día en Los Ángeles. Toda una aventura.

Me despierto, después de conseguir vencer al jet lag, a las diez de la mañana y me voy a dar un paseo por mi barrio, por lo que viene a ser el archifamoso “Paseo de la Fama”. A pesar del día tan soleado que hacía y de los treinta grados, no deja de ser una zona descuidada, sucia y llena de gente muy extraña por todos lados.

Tras aburrirme de no ver nada interesante decido empezar mi día. Me dirijo al hotel para cambiar de habitación (a la noche llegaría un amigo mío) y me descargo la aplicación “Uber”. Para los que no sepáis qué es, es una app en la que puedes contratar transporte barato, cualquiera puede darse de alta en “Uber” si tiene un coche. Es como un taxi sin licencia.

Pues pido un “Uber” en servicio “Pool” que significa que a lo largo de todo el trayecto compartiré coche en algún momento. A los cinco minutos me recoge mi conductor con una compañera de viaje, Francesca. Una chica italiana con la que estuve hablando un rato y resultó ser una persona francamente interesante. Una chica de unos treinta años, divorciada y enamorada de viajar. Ella se baja en la entrada del Parque Griffith , intercambiamos teléfonos, y yo sigo en el coche hacia arriba, al observatorio.

Debido a una reparación en la vía estoy como veintincinco minutos hasta llegar arriba del todo. El Uber me costó en total unos siete dólares. Extremadamente barato.

Una vez arriba la vista es majestuosa. El Observatorio Griffith, spot de La La Land, corona Los Ángeles, solo superado por la famosa “Hollywood Sign” o cartel de Hollywood.

El observatorio es un edificio de naves lleno de experimentos y maquetas curiosas sobre la historia de la astronomía. También recoge algunos inventos importantes como la jaula de Tesla.

La entrada al observatorio es gratuita. Lo único que cuesta dinero (siete dólares) es la entrada al planetario, a los diferentes espectáculos y merece la pena. Yo entré a uno que se llama “The center of the universe”. La sala del planetario es la misma en la que Sebastian y Mia bailan entre las estrellas en La La Land. Aunque en la película parece más grande.

Tras darme un baño de estrellas y planetas en el planetario, salgo de allí y comienzo a caminar por la montaña hacia abajo. A un par de kilómetros encuentro un sendero que sube otra colina y veo que la gente está haciendo senderismo hacía allá, decido seguirles. Ahora empieza una dura subida a casi treinta y dos grados, en la que sudé la gota gorda. Una vez al otro lado no me arrepentí, a lo lejos encontré el spot más famoso de La La Land, el del baile del claquet, un lugar y una foto que he reservado solo para mí, un sitio mágico.

Cuando me recogí la baba comencé a bajar por el otro lado de la colina. Me crucé con un par de carteles que me dieron cierto respeto, básicamente decían “Cuidado osos”. Y otro que no sabía si tomarme en serio o no: “Prohibido dar de comer a los osos” Gracias, no lo había pensado.

Finalmente alcanzo la civilización y solicito otro Uber a Downtown, el centro de Los Ángeles. Compartí Pool con una señora y su hijo, ambos de Bangladesh. Fue un viaje peculiar porque el conductor era de la India y se pasaron cerca de cuarenta minutos de trayecto hablando entre ellos mientras yo miraba el techo y por la ventana.

Tras dejar a los Koothrappali me baja del coche el conductor en mi destino, para mi desgracia me había equivocado de sitio. Estaba a kilómetro y medio más al sur de lo que quería… así que mochila en mano empiezo a caminar durante veinte minutos hasta que alcanzo el Staples Center, el estadio de Los Ángeles Lakers. Justo ahí encuentro un bar y me refugio… y vaya bar.

¿Os suena la franquicia Hooters? Cómo podría resumirlo… mujeres escotadas en shorts apretados sirviendo cervezas enormes. Estuve allí tomando medio litro de cerveza y comí unas alitas de pollo picantes (Dieta Dukan) por unos dieciocho dólares más propina. La camarera que me atendió era muy simpática, me dijo que era bisnieta de una señora española e incluso hablamos español un rato.

Al salir del bar me di cuenta de que cientos de personas empezaban a arremolinarse en torno al Staples Center, que estaba enfrente. Hoy jugaban Los Lakers, pero yo y voy a ir a ver la NBA otro día así que ignoro el evento. Sigo caminando por el distrito financiero, ya en Downtown, allí solo hay rascacielos y edificios empresariales. Un resumen muy acertado de Los Ángeles sería decir que es una ciudad enorme sin gente alguna en la calle… y cientos de miles de coches. Atascos por todos lados.

Tras caminar todo el distrito termino en el Walt Disney Concert Hall, un edificio plateado enorme de planchas con formas de hojas redondeadas y suaves y que alberga los conciertos más importantes de la ciudad. Seguidamente voy calle abajo y me encuentro con el ayuntamiento, esta zona esta llena de cuestas… y eso que la ciudad es principalmente plana.

Consulto en google y emprendo camino a la Union Station, a ochocientos metros. Es un edificio de estilo colonial impresionante, te hace pensar que estás en cualquier isla caribeña sobre la época dorada de los piratas. Hago un par de fotos y me sumerjo más en el centro neurálgico de la ciudad. Sin quererlo encuentro un sitio llamado “Angels Flight”, otro spot de La La Land más, ya llevo cuatro hoy. Consiste en un tranvía espectacularmente bonito y fuera de servicio que ayudaba a pasar el trago a los que subían hacía el distrito financiero.

Posteriormente paseo por el “Grand Central Market” a la falda del vuelo del ángel. Este sitio rebosa vida, al contrario que Los Ángeles. Doy un paseo entre las decenas de mercados de comida y fruta que hay haciendo algunas fotos. Cuando ya me estaba yendo me entra sed y me compro una botella de agua que resultó ser agua filtrada por ósmosis inversa… creo que todos hemos visto Big Bang Theory y sabemos lo que es, incluso sin haber visto la serie.

Ahí ya llevo dieciséis kilómetros caminados. Me llama mi amigo Esteban, que estaba llegando de San Diego, así que me voy al hotel a esperarle. Durante el camino en Uber comparto Pool con una chica llamada Tracy que iba de fiesta (a las seis de la tarde) a casa de unos amigos, me da a dirección por si me apetece pasarme.

Una vez en el hotel espero a que llegue mi amigo,  y salimos a cenar por Hollywood. Después de hacernos todo el Paseo de la Fama de nuevo terminamos cenando en un sitio llamado “25 degrees” cuya hamburguesas están tremendas.

Tras acabar de comernos dimos un paseo hasta el Teatro Chino, la única atracción que hay en todo el paseo. Y ya de ahí a la habitación a dormir, al día siguiente llegaría el resto y empezaría la despedida de soltero.

Y hasta aquí el día de hoy, espero que lo hayáis disfrutado.

Yo me estoy quedando dormido mientras escribo, perdonad si hay fallos de coherencia pero es que estoy pegando cabezazos en el ordenador…

¡Mañana más!

¡Nos vamos leyendo!

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