¡Buenas a todos!

Perdonad que esté tardando tanto en escribir estas entradas. A medida que ha ido avanzando la despedida me ha costado más. En concreto este día hemos hecho de todo. Nos levantamos tranquilamente sobre las diez de la mañana para ir bien descansados. Nuestra habitación en el hotel en el SF Plaza constaba de dos camas “Queen size” y éramos tres personas. Esteban decidió dormir en el vestidor en el suelo al negarse a compartir cama, así que dormimos bastante cómodos, él lo dudo.

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Vista desde la habitación

Por algunos minutos nos perdimos el desayuno así que salimos directamente hacia Union Square, el “centro” de San Francisco. Nada más caminar calle abajo me di cuenta de que esa ciudad me iba a gustar, que era el tipo de ciudad hecha para mí, y no me equivocaba. San Francisco es una ciudad increíblemente bella comparada con las ciudades americanas tipo. De una arquitectura que asemeja al neoclasicismo europeo, los edificios que están bien cuidados contrastan con algunos clásicos americanos de ladrillo visto, haciendo de la ciudad una composición curiosa de estilos que se llevan tres siglos de diferencia. Y, sobretodo con respecto a Los Ángeles, es una ciudad que tiene gente por las calles.

El tráfico, al igual que en las grandes ciudades, es algo denso; pero nada que ver con L.A. La calle respira vida y riqueza; aunque también te llama la atención el gran número de vagabundos que vas viendo por la calle. La “Grant Avenue” por la que bajamos está llena de comercios de las grandes marcas, así como de oficinas. Es fácil ver Armani, Chanel, Hermes… incluso una tienda Nespresso. (What else?)

Al terminarla das a la Market Street, el centro del comercio en San Francisco. Por medio de esta (y de muchas otras calles principales) se puede observar raíles en el suelo y es que en esta ciudad apenas hay autobuses, casi todo son “railways” que te llevan por todas partes del centro de la ciudad y alrededores. Llama la atención también la gran cantidad de coches “Tesla” y eléctricos en general que hay, así como los puntos de parking y carga para este tipo de vehículo. la Market Avenue se extiende cortando San Francisco en un cuarto de ciudad y termina prácticamente en Castro.

Caminamos un poco por ella y luego subimos para dar a Union Square. Como buenos turistas nos paramos a hacernos algunas fotos con un imponente “Apple Store” y a ver los precios que tienen en Estados Unidos, de media son casi 80$ más baratos algunos productos… casi me compro el “Apple Watch” pero decidí resistir la tentación. Union Square es una plaza que llama la atención, aunque nada del otro mundo. Es un punto de reunión de la gente en SF. Lo que más me gustó de allí (y de la ciudad en general) fue unos corazones que rodean las esquinas de la plaza, corazones con motivos de colores y artísticos. La ciudad tiene muchos puntos artísticos integrados en la ciudad. Llama la intención el punto de interés que hay en el centro de la plaza, una gran columna corintia coronada con una escultura de a diosa Victoria, en homenaje (creo) a John Geary.

Bajamos por Powell Street hacia Market Street de nuevo, no sin antes detenernos en una tienda de zapatos, mis queridas ganso que tantos kilómetros de rodaje me han dado, habían muerto dos días antes. Equipado con unas nuevas y flamantes “New Balance” seguimos el camino. Nos detuvimos en algunas tiendas como “Abercrombie” y alguna que otra más de marcas internacionales para finalmente entrar en una tienda llamada “Oxford Street” porque Borja (que es mago profesional, youtuber y además tiene la escuela de magia más grande de internet en http://www.dominalamagia.com) quería comprar una americana roja que vio en el escaparate. La chaqueta en cuestión tenía una calidad bastante cuestionable y costaba alrededor de 180$, un precio absurdo. Borja intentó negociar con el vendedor el cual empezó a regatear, tras bajar algunos dolares el precio el vendedor dijo que debíamos hablar con su jefe directamente si quería seguir bajando la cifra. Fuimos a la caja a hablar con él y éste empezó a gritarnos “You don’t put the price, I put it! This is not Spain!” (¡Tú no pones el precio, yo lo pongo! ¡Ésto no es España!) de una manera muy agresiva, así que tras mandarlo a tomar por donde no alumbra el sol salimos de la tienda.

Cruzamos Market Street y llegamos a una plaza que tenía un mercado lleno de puestos para comer. Hambrientos seguimos caminando hacia la United Nations Plaza. En medio de ésta está el ayuntamiento de la ciudad de San Francisco, un edificio imponente que me hizo cuestionarme si realmente no habría allí algún órgano de las Naciones Unidas, aún no lo se.

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El mercado en la United Nations Plaza

Borja compró unos “Cinnamon Rolls”, unos bollos con forma de espiral hechos con canela y seguimos bordeando el edificio junto al museo de arte asiático, un edificio muy bello que en ese momento albergaba una exposición sobre los tesoros de las tumbas de algún emperador chino. Seguimos caminando en dirección a Castro Street cuesta arriba y cuesta abajo. Creo que no lo he dicho aún, San Francisco es una ciudad inclinada, todo son interminables cuestas hacia arriba y hacia abajo, un gimnasio urbano para las piernas.

Caminamos cerca de treinta minutos y llegamos a la calle Castro, al distrito Castro de hecho. Toda una zona dedicada a la población gay llena de vida. Decenas de tiendas de ropa y algunos cines es lo que más llama la atención de la entrada. También un gran cartel que pone “Castro” y el precioso “Theatre” con las películas del momento. Paseamos cuesta abajo por un acerado lleno de placas doradas conmemorativas a importantes personajes homosexuales, y muchos de ellos gente que murió por su sexualidad, como Federico García Lorca.

No se si me habéis estado siguiendo en Instagram stories pero… ahí empezó la maldición del pelirrojo. Borja se acercó a algunos vagabundos mientras el resto charlábamos en Castro Street y les ofreció la mitad de los “Cinnamon Rolls”, ellos los aceptaron encantados y uno de ellos le ofreció una especie de talismán con una piedra engarzada en un broche dorado en agradecimiento. Yo me percaté de que un chico pelirrojo con una pinta muy extraña no paraba de mirar mi mochila, la cual estaba llevando Esteban en ese momento. Me quedé mirándole intrigado, no sabía cuales eran sus intenciones, ¿Quizás robarla? no tenía ni idea. El caso es que se acercó un par de veces y yo me interpuse entre él y mi mochila. El pelirrojo, sin apartar la vista, se alejó unos pasos y me miró directamente a los ojos hasta que aparté la mirada. Seguimos calle abajo tras quedarnos intrigados y él nos ofreció paso con una mano como si se tratase de un guarda de seguridad.

Nos reímos pero no le dimos mayor importancia y seguimos hacia “Haight Street” y “Hippie Hill”. Decidimos no ir a “Twin Peaks” porque no nos iba a dar tiempo de hacer todo lo que teníamos planeado.

En lo alto de la calle llegamos a una zona de casas de colores junto a un parque. Estas casas son conocidas como las “Painted Ladies,” un lugar hermoso desde el cual se podía divisar todo el skyline de San Francisco. A la vuelta de la esquina prácticamente, paramos a comer en un restaurante mejicano (que no tenía baño, en Estados Unidos no es obligatorio por ley como en España que los sitios tengan servicios) y proseguimos nuestro camino.

Recorrimos un montón de calles y cuestas durante casi una hora hasta que llegamos al barrio hippie. Qué sitio más especial. Se supone que allí empezó a gestarse el movimiento liberador más grande de la historia moderna, el movimiento hippie. Todo es color, grafitis, tiendas alternativas, moda urbana y olor a mariguana. Bajamos observando integrados cada rincón, entramos en algunas tiendas y fuimos recorriendo toda la calle.

Mientras mirábamos para todos lados, en una de las esquinas, a casi una hora de Castro, nos asaltó desde una esquina una cara conocida;, el pelirrojo estaba allí mirándonos fijamente. Nos asustamos un poco, ¿Qué hacía alli? ¿Cómo había llegado tan rápido? con la risa un poco floja seguimos bajando la calle pensando que el talismán que le habían dado a Borja era en realidad un objeto maldito que atraía al fantasma de ese hombre. Quince minutos después, calle abajo, dejamos de pensar que era una broma. Al salir del Mc Donalds (parada estratégica para ir al baño) nos lo encontramos otra vez, en la entrada del “Goldengate Park”. Esta vez ya molestos entramos en el parque con la intención de, si nos lo volvíamos a encontrar, ir directamente a hablar con él… pero ese fue nuestro último percance con el misterioso pelirrojo.

Entramos en el parque y caminamos durante cerca de dos horas. El “Central park” de San Francisco es enorme. Nosotros entramos por el este y queríamos ir a una pequeña reserva de bisontes que tienen allí, pero se encuentra al oeste y quisimos ir caminando. El parque es espectacular. Está lleno de zonas de picnic, canchas deportivas y zonas de recreo en general. Por medio del mismo atraviesan algunas avenidas grandes por donde cruzan los coches de un lado a otro de la ciudad. Hay muchísima vida y es todo muy verde, los grandes árboles en ocasiones tapan el cielo y crean un ambiente de penumbra y bosque que no veía desde Japón. Recorrimos con gusto el parque parando en algunos lugares como un pequeño santuario japonés que resultó ser un jardín del té.

A lo lejos tras caminar un par de kilómetros divisamos la reserva, pero estaba cerrada y, aunque se veían a los bisontes, estaban muy lejos. Se nos estaba haciendo tarde y aún teníamos por delante como seis u ocho kilómetros hasta el “Goldengate Bridge”, el famosísimo Puente de San Francisco. Así que rodeamos la cerca de los bisontes hacia la salida del parque (no sin antes acercarnos por detrás al sitio donde descansaban estos animales) y pedimos un Uber. Media hora después nos hallábamos en el puente.

Todo lo bueno que se dice le hace justicia. Esta impresionante estructura de metal roja es una de las atracciones más bellas de la ciudad, además de un icono. Llegamos casi al anochecer y nos hicimos algunas fotos aprovechando la luz que quedaba. A lo lejos, en medio del agua, se divisaba Alcatraz en medio de la bruma, destino al que decidimos ir al día siguiente.

Si bajas un pequeño camino que va hacia debajo del puente, puedes encontrar unos bancos desde los que hacer fotos impresionantes. También un carril bici que recorre el paseo y algunas zonas de picnic. Es un plan estupendo para ir a echar una tarde de relax y risas con los amigos. En la bajada también puedes encontrar un panel que muestra la construcción del puente por años, tiene un efecto de los que ves imágenes diferentes según el ángulo desde el que mire, es muy curioso.

Cansados caminamos un poco más para ver aquello. Llevábamos dieciocho kilómetros en nuestras piernas, recuerdo: cuesta arriba y cuesta abajo. Nos sentamos en unos bancos a descansar mientras solicitábamos otro Uber que nos llevaría al hotel finalmente. En la habitación ya cogimos fuerza, nos duchamos y preparamos para salir por la noche a celebrar un poco la despedida de Borja.

Entramos por la “Dragon’s gate” hacia Chinatown y recorrimos sus calles un rato explorando los escaparates ya cerrados. Al parecer, según Esteban, el Chinatown de San Francisco es el más grande de los Estados Unidos. Nos detuvimos en un restaurante de sushi a cenar. El interior recordaba a los “izakayas” japoneses (bares) y tenía como atracción principal un circuito en el centro rodeado de una barra circular corrida por la cual circulaban, en un pequeño canal de agua, barquitos de madera con bandejas de sushi encima. Estuvimos comiendo ramen y sushi, bebimos algo de cerveza y sake y abandonamos el lugar. La cena costó unos 50$ por cabeza. Sí, San Francisco también es la ciudad más cara de los Estados Unidos.

Y hasta aquí la entrada de hoy. Al terminar de recorrer Chinatown entramos a un bar, el “Falcos'” a beber cerveza, charlar con algunas chicas, echar unas risas y gastar dinero. Luego caí rendido en la cama, cansadísimo de todo el día.

Espero que hayáis disfrutado con mis palabras, ahora estoy en el aeropuerto esperando mi vuelo a España, ya de vuelta. Durante el mismo escribiré el día siguiente y lo subiré ya en Amsterdam.

Gracias por seguirme y por vuestro apoyo.

¡Nos vamos leyendo!

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