Quisiste fundirte en la noche de mi abrazo, de mi abrazo gélido y eterno. En la nocturnidad de mis ojos de luna que te cuidan y te esperan. Quisiste darme noches eternas y tímidas, respuestas inconclusas, sentimientos inacabados. Compartir tus vivencias, tus ojos de sol sobre los míos, tu piel cálida y oscura. Hija del sol; hijo de la luna.

Quise volar a tu lado, llegar a ti en mi noche, quedarme sólo contigo. Que me cuidases con palabras y me hablases sin cuidado. Quemarme en tu fuego, perderme en tus llamas, cegarme en tu núcleo; sentir el magma. Ver el amanecer y tocarte, entre las nubes, con pasión y bravura. Roja, naranja, mar y fuego; azul, negro, tierra y hielo. Días eternos y amor inquieto; noches cortas de amor secreto.

Quisiste jugar con el sol y no quemarte, quisiste llegar donde no llegó nadie. Hija del sol, cerca de mí nunca volaste. Caíste a la tierra, perdiste tus alas. Te tuviste que conformar con verle allí arriba, grande y majestuoso, capturarlo en tu mirada. Ojos de cristal que tatúan para siempre en el recuerdo, y con lágrimas bordan tu almohada. Impotencia y tristeza, rota el alma. Secretos internos, imaginación desatada. Espera interminable.

Llegué tarde para sostener tu caída, te dejé perder las alas sin quererlo. ¿Cómo iba a saber yo de ti si siempre me rehuyes? Soy hijo de la luna, lejos de ti siempre estuve. Me arranqué las alas, desafié al juego. Aterricé en la tierra para poder ver el sol contigo. Más allá de mi luna, de mi vida y compañera. No temo al fuego, no temo a quemarme. La miro de lejos, la echo de menos. Me conformo con hablar de ella, labios y manos que caligrafían para siempre en la mente, que con sonrisas llenan la estancia. Esperanzas y alegría en el alma. Tímido y torpe me acerco.

Con cada paso me ciego, me quemo. Brillas y no puedo evitarlo, estoy hecho de hielo. Camino y arrastro agua, voy llenando el mar. Esperas en la playa pero no a mí; sólo tienes ojos para el cielo, para el sol. No puedo, me evaporo, no llego; no lo consigo. No queda nada más que mi corazón en la playa, sobre la arena. Junto a tus pies lo arrastra el oleaje. Mi cuerpo y mi mente vuelven hacia arriba, mi sentimiento y mi fantasía, en la tierra, permanecen contigo. Una vez más me conformo. Me conformo con abrazar al sol, ya soy un nimbo. Es el fin de mi noche, el inicio de tu día. Me fundo con él y le abrazo, fuego que ya no quema; hielo que ya no siento. Me he hecho etéreo, me he unido a lo que más quieres. Estoy delante de ti, creo que por fin me estás viendo.

Si me dejas, al menos, me quedaré en tu pupila, permaneceré en tu recuerdo.

 

 

Imagen de Sara Macías.

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