¿Da el conocimiento realmente la felicidad? Hoy me he levantado pensando en eso. Llevo unos días últimamente en los  que no he estado demasiado contento, quizás sea por el mal gestionado tiempo libre que he tenido, debido a las vacaciones de la última semana. Sí, también se puede pasar mal por no tener nada que hacer. A lo que me refiero es a que he tenido mucho tiempo para pensar en qué he estado haciendo a nivel sentimental los últimos meses, y he tocado un poco el fondo. Al menos en el aspecto de que a más la conozco, más difícil lo veo.

Yo no suelo tener este pensamiento, no soy para nada una persona negativa a pesar de lo que piensan algunos debido a mi reciente entrada (y la más leída de los últimos meses) titulada Harto. No era más que una exclamación de lo cansado que estoy a veces de la clase de persona que tiene la actitud (actitudes en realidad) que he tenido yo esta Semana Santa. He estado cansado, algo deprimido, asqueado… y sobretodo consciente, demasiado consciente de asuntos de los que, en realidad, no sé casi nada.

Y sí, ya sabéis de qué va yendo ésto, de una chica, ¿De qué sino? Llevo unos meses conociéndola, lo habéis leído en otros blogs y entradas, y no consigo saber nada apenas sobre sus sentimientos, por lo que mi mente viaja con la información que tiene. Y la información que tiene es insuficiente, poco específica y cambia cada día… creo ilusiones que embotello y etiqueto para nada. Me estoy yendo por las ramas, pero ésta es una entrada de blog, ¡Es lo que hay!

Vamos a centrarnos con el asunto. ¿Da realmente la ignorancia/conocimiento la felicidad? Sinceramente creo que ambas lo dan, pero de diferente manera. No son antagonistas, ni siquiera creo que sean conceptos cien por cien antónimos, son más bien complementarios porque no se puede saber todo. No de momento al menos.

Por un lado tenemos la (hay quien la llama virtud) de la ignorancia. La ignorancia no deja de ser la falta de saber, de conocimiento. Si partimos de esta definición sí podríamos afirmar que son antónimos, pero profundicemos un poco más en la metafísica del asunto. Ser ignorante te hace ajeno al mundo, a sus males y odios. Sin ese conocimiento podemos seguir caminando, podemos dejar nuestra capacidad de compasión y empatía intactas. Podemos deducir de ellos que seríamos felices en un mundo pequeño lleno de pequeñas verdades, medias tintas y mentiras. En una situación así, una en la cual desconoces el contexto, se puede entrar en línea recta y a pecho descubierto. Siempre la espera de que lleguen las fuerzas de la adversidad a mostrarte lo diferente que es la realidad. En mi caso, hace unos meses que la conocí y entré así, a ver qué pasaba sin miedo alguno, y no me arrepiento. En cambio, si uno permanece en su zona de confort, de felicidad temporal, no sufrirá las consecuencias de ir conociendo esa realidad. La ignorancia por tanto es la felicidad que te viene impuesta, nosotros somos los que elegimos si desafiarla. Hay veces que nos equivocamos; y hay veces que acertamos.

Si decidimos entrar en el mundo y tomar la píldora roja, salir de matrix, es cuando se nos plantea el mundo del conocimiento. Cuando sabemos que ella está emparejada, que tiene un interés constante pero fatuo en tu persona… cuando nos damos cuenta de que la vida te pega un hachazo nada más entras por la puerta. Con el conocimiento podemos llegar a la felicidad plena, a la que felicidad consciente del mundo en el que vivamos en ese instante. Aunque es difícil de cojones (perdonad la expresión). Deberemos hacer frente a decenas de verdades que no nos gustan y luchar por cambiarlas; influir en el entorno y ser la circunstancia de Ortega y Gasset. No siempre lo conseguiremos. En una palabra: coraje. Deberemos ser valientes para cerrar un ciclo y abrir otro, para no quedarnos en el limbo de saber que hay dos pastillas pero que nos da miedo comernos alguna. Hay quien lo tiene claro, me como la pastilla azul y mañana será otro día de una vida normal y feliz… pero también estamos los que sabemos que al otro lado de la roja nos espera una felicidad que ni imaginamos; también un dolor inesperado. Un dolor que con gusto sufro a la espera del resultado de mis acciones.

Después de tantas divagaciones podemos concluir en que la felicidad que te da la ignorancia es impuesta por el contexto social, histórico y económico en el que vives en cada momento. No se puede elegir, no está hecha para eso. Se basa en la zona de confort de cada uno y punto. Si no hay riesgo no hay novedad.

Por tanto el conocimiento abarca un dolor constante, que perdura en el tiempo hasta conseguir o desestimar la meta… y deja una huella. Pero en caso de conseguirlo conseguiremos ser felices, felices plenamente. La clave está en intentarlo y no morir en el intento, al menos es lo que creo.

Hoy no tengo mucho más que decir, siento si os he llenado la cabeza de problemas personales pero… me hacía falta soltarlos. Además tampoco tengo la pluma para hablar de metáforas y figuras literarias; ésto es un tedioso diario sin más. Igualmente gracias por leerme y por estar ahí.

Un saludo a todos.

¡Nos vamos leyendo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s