Año nuevo, vida nueva; o no. Tras las navidades celebramos una vez más la triste procesión de enero, o procesión de la vergüenza, en la que la mayoría de nosotros caminamos mirando más allá de donde alcanza la vista, a aquellas tierras sin mapa, a los propósitos de año nuevo. El más famoso, voy a ponerme en forma/voy a vivir de manera saludable, le sigue el dejar el tabaco y de ahí imaginamos infinidad de inútiles (en su mayoría) propuestas de cambio. Si quisieses cambiar… lo habrías hecho ayer, y no hoy.

Propongamos, por un segundo, que no se trata de propósitos, sino de estados mentales. Según el sentido común, todo cambio tiene que estar motivado previamente por algo, o ese ser/cuerpo/individuo se mantendría en un estado sempiterno, inalterable. ¿Qué debe motivar pues ese cambio? ¿Que la tierra le ha dado otra vuelta al sol y tú sigues fumando o sin hacer nada? No creo que esa sea una motivación lo suficientemente poderosa como para que te sea posible emprender un viaje tan difícil como el de cambiar una parte grande de ti, que lleva haciendo años lo que normalmente haces. No. Los grandes cambios no surgen porque algo insignificante ocurra, surgen porque las personas queremos poner remedio a algo, porque queremos desafiarnos o porque no somos felices. Empieza analizándote a ti mismo, ¿Eres feliz con como eres? ¿Puedes hacer algo por solucionarlo? ¿Hay algo que realmente quieres cambiar de ti o de tu mundo? Son preguntas clave de base para dar los primeros pasos en el camino de un cambio, algo que permanentemente transformará lo que eres. Empecemos por ahí, por comprender que el cambio no sucede por lo que no te afecta, empieza dentro de la mente, el cambio es entonces un estado mental.

Dicen que se tarda 21 días en conseguir un hábito. Bien, no creo que eso sea del todo cierto. Comencemos hablando sobre la diferencia entre hábito y costumbre, algo muy importante para poder entender por qué hay cosas que nos cuestan más que otras. No me voy a andar por las ramas con términos científicos; la costumbre es lo que nos viene impuesto por nuestra cultura, familia y nuestros actos en general. Es algo que no podemos controlar a priori, ya que nos criamos en entornos que afectan a nuestro pensamiento, ya sea de niños o de adultos. La costumbre es lo que queremos cambiar. Y, ¿Qué es el hábito entonces? Pues es la cosa o el conjunto de cosas que queremos conseguir para cambiar nuestra costumbre. Bien, hasta aquí la parte teórica. Procedo a darle una reflexión al hecho de por qué nos cuesta más cambiar algunas costumbres. Comencemos con un ejemplo: si una persona es omnívora y tiene que irse a vivir a un país cuyo principal alimento son los vegetales y otra persona cuya alimentación es esencialmente carnívora también, por lo general el omnívoro tardará un tiempo significablemente menor que su compañero. Ésto es debido, simplemente, a que uno ya incluía los vegetales en su alimentación, mientras que el otro los rechazaba. ¿Veis por donde voy? Si mi hábito será ponerme en forma y mi costumbre es la de una vida activa, es posible que tarde mucho menos en coger la costumbre que si soy una persona cuyo estilo de vida es sedentario. Por lo tanto, no todos los hábitos tienen un periodo de implantación iguales.

Sabiendo ésto, podemos acertar a saber por qué más del 90% de la población que se proponen un propósito de año nuevo, no lo cumplen. Pero no significa que sea imposible. Digo esto porque yo, el año pasado, fue el primer y único año en el que cumplí con prácticamente todos los propósitos que me propuse, y después de esta gran introducción os voy a contar cómo lo hice… sin saberlo.

Para empezar hablaré de 2016, cuando mi vida era un caos. Fue ahí cuando, por ejemplo, decidí poner orden a mis pensamientos iniciando Miguel Sendai. Ese año caótico me hizo pensar sobre muchas cosas, reflexionar sobre todos los cambios que necesitaba mi vida y conocí a mi mentor, el cual me guió por el principio de las sendas de la mente. Aprendí casi de manera autodidacta cómo se cambian los procesos mentales, y cómo el estado de ánimo y la motivación son las que mueven el espíritu del progreso personal. Y llegó el día, hice mi lista de errores y propósitos de año nuevo, en un bloc de notas del ordenador, y la olvidé. En aquella época yo pesaba 109kg, no era saludable, disfrutaba poco de mi trabajo y tenía demasiados fantasmas mentales.

El 30 de diciembre del año 2017, limpiando un poco el ordenador, encontré el bloc de notas… y casi me echo a llorar de la emoción. Todos los propósitos se habían cumplido prácticamente. Ahora peso 83kg, he cambiado mi alimentación, disfruto de cada momento de mi vida, de mi trabajo, de mis amigos y mi vida, de mi pareja… y apenas me quedan fantasmas en la mente. Por cierto, los fantasmas mentales son representaciones del miedo que toman diferentes formas, el síntoma más común es la ansiedad. No sabía que había ocurrido, cómo había conseguido tantos hábitos y tan difíciles en apenas un año… y comencé a reflexionar.

Me había puesto en forma repitiendo cada día ejercicios, que fui adaptando y evolucionando hasta que dejaron de ser un esfuerzo y se convirtieron en una costumbre. Luego deduje que quizás el hábito se componía de repeticiones y esfuerzo, algo que aprendí también del Kung fu y del maestro Bruce Lee, el cual dijo: “Yo no temo al hombre que ha lanzado 10.000 patadas diferentes, temo al hombre que ha lanzado una patada 10.000 veces”. Por primera vez me había dejado de utilizar mil programas de entrenamiento de otras personas, había leído libros y me había diseñado mi programa y adaptado, había aprendido ejercicios más complejos y me había quitado mitos. también, había leído sobre nutrición y había empezado a comer bien, saludable y sin caer en el tópico de la ensalada, el arroz y el pollo… y ahora ya no me costaba nada, había entrado en una rutina. Por lo que deduje que Hábito = repetición+rutina+esfuerzo. Y una vez asimilado todo… descubrí que ya no me costaba hacerlo, había superado la curva de aprendizaje, llegué a la costumbre.

Para llegar a ese punto en todos los aspectos que cambié de mi vida, tuve que buscar la ayuda de mentores (a los cuales no tengo el placer de conocer en su mayoría) que me fueron ayudando paso a paso en todo lo que necesitaba. Me di cuenta que muchas veces, simplemente copiando, conseguía lo que quería. Y fui apartando de mi mente las opiniones de las personas que no creían en mi nuevo modo de vida. “Quiérete como eres” Me decían al ver que hasta en vacaciones salía a correr, o lloviendo. Partiendo de la base de que nadie me quiere más que yo mismo, no quería estar gordo ni ser como era; no quería seguir comiendo frituras todos los días, no quería que me costase atarme los cordones, no quería ser infeliz en mi trabajo (“Por lo menos tienes un trabajo” Otra clásica frase) y no quería aceptar los dogmas básicos de que para ser equilibrado hay que comer poco, mal y lleno de productos light. “Por una magdalena no pasa nada” No es NO, y ya está. Si te marcas una meta la cumples, no hay atajos. Sabes que una magdalena es una piedra más en la mochila, no te la comas, punto. Ellos son felices así, déjalos, tú céntrate en tu objetivo. A veces fallé, dejé de entrenar un par de semanas, comí mal, no cumplí mis objetivos… pero no tiré todo mi trabajo por la borda, seguí al día siguiente con mi misma rutina, sin castigarme ni autoflagelarme por haberlo hecho mal; sólo tomando consciencia. También perdí la motivación cuando me estanqué, cuando me subí en la báscula y después de un mes no había cambiado nada. Casi abandono… pero entonces vi una foto mía de hacía 6 meses, me vi en ese momento, y me imaginé en el futuro, seguí y lo conseguí. Y ese fue el momento, ahí me di cuenta de que el cambio realmente estaba dentro de mí, y no en “el año nuevo, vida nueva”. Podía haber cambiado en cualquier momento, sólo tenía que saber cómo.

Así que, no os doy más la brasa. Cambiad, pero porque queréis, no porque os lo dicen, porque la tierra ha dado otra vuelta al sol o porque sí y punto. Os dejo un decálogo de conclusiones, en la que resumimos el post de hoy:

  • Que nadie te diga nunca lo que te debe motivar.
  • Recuerda que las metas a corto plazo son más reconfortantes siempre, pero que no se debe perder de vista el horizonte.
  • HÁBITO = REPETICIÓN+RUTINA+ESFUERZO
  • COSTUMBRE = HÁBITO-ESFUERZO
  • No te dejes arrastrar por los que no quieren cambiar, los que te dicen que te aceptes como eres… NO, si quieres realmente ser diferente.
  • Ten referentes y guías, las mentorizaciones son útiles para calcular la hoja de ruta. Copia las de ello si es necesario.
  • Y NO, NO tienes por qué aceptar que eres de cierta forma si realmente estás abierto al cambio.
  • Cuando falles no tires la toalla, levántate y continúa.
  • La motivación no se pierde, se disipa. Hazla volver echando la vista atrás para ver quien eras y mirando al horizonte para ver quién quieres ser.
  • El cambio está en ti.
    • Ánimo, que os va a hacer falta. Y disfrutad del camino, que es la única forma de ser plenamente felices en todo los he hacemos.

      ¡Nos vamos leyendo!

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